LA 

S.V.D. 

AL  INICIO  DEL  TERCER  MILENIO

UNA MIRADA GENERAL

Antonio M. Pernia, SVD

Superior General

 

Para dar apertura a nuestra asamblea zonal he pensado presentarles una mirada general de la SVD en los inicios del Tercer Milenio. Lo hago con la esperanza de que tal mirada nos podría brindar el marco general para las discusiones durante la asamblea. Me gustaría presentar este cuadro general de la Congregación, acentuando dos aspectos: primero, algunos acontecimientos recientes que, según pienso, están reestructurando nuestra Congregación religiosa-misionera; y, en segundo lugar, algunos desafíos o prioridades esenciales que surgen de estos acontecimientos.

 PRIMERA  PARTE

 DESARROLLOS  RECIENTES  EN  LA  CONGREGACION

Permítanme comenzar con la primera parte. Y aquí me gustaría referirme a algunos desarrollos recientes en la SVD que parecen estar dando una nueva forma a nuestra familia religiosa-misionera.

1.                 La estructura zonal.

Aproximadamente en la mitad de la década de los años 70, las zonas tuvieron su inicio y desarrollo. Al proceder así, lo que hacía la SVD era continuar una corriente en la Iglesia según la cual las conferencias episcopales y las conferencias de religiosos/as se unieron en vistas a una mayor cooperación, coordinación y un liderazgo colegiado. Como todos bien sabemos, el sistema de las zonas en la SVD recibió un grande y significativo apoyo del XIV Capítulo General del año 1994 y avanzó hasta tal punto que el Capítulo General del año 2000 creyó oportuno incorporar la idea en nuestras Constituciones mediante la revisión de la c. 635 con sus directorios.

Las zonas no deben ser vistas como otra instancia de autoridad en la Congregación. De hecho, la c. 635.1 afirma explícitamente que la organización zonal no modifica las normas de gobierno de nuestra Congregación y en nada afecta las instancias de autoridad. Más bien han sido pensadas para proveer una estructura complementaria que se espera sea más carismática y profética para la Congregación y su estructura jurídica. Visto así, si la estructura jurídica nos lleva a ver la SVD como una institución de estructura vertical, donde la autoridad fluye del generalato hasta las comunidades locales, la estructura zonal nos permite ver la Congregación como una comunidad de provincias y regiones, estructurada horizontalmente, colaborando entre sí y coordinando sus actividades e intereses.

Las zonas son sobre todo un foro para colaboración y coordinación, para solidaridad y comunión. Para quienes formulan políticas y toman decisiones, las zonas no sólo ofrecen la posibilidad de una consulta y apoyo mutuo más amplio, sino que subrayan la necesidad de la misma. Para aquellas personas que desarrollan programas y ejecutan lo planificado, las zonas no sólo facilitan sino que urgen la búsqueda de un mayor intercambio de experiencias, ganando así entre todos en cuanto a coordinación y colaboración. Y para los cohermanos en general, las zonas son el lazo que nos conecta con la misión mundial de la Congregación, siendo así un medio de concientización de que la misión es mucho más amplia que lo que uno está realizando en su respectivo lugar.

De este modo, la incorporación del sistema de zonas cambia la idea de autoridad y liderazgo en la Congregación de una puramente jerárquica y centralizada a una más colegiada y participativa, ya no se espera liderazgo solo y exclusivamente de la administración central, sino también del grupo de provinciales de la zona, y hasta de la coordinación zonal o del secretariado zonal. Así las zonas ofrecen una estructura para un liderazgo compartido y co-responsable en la Congregación. Por medio de las zonas, ya son responsables no sólo de sus provincias individuales, sino de la Congregación entera también.

Mientras que en el pasado, las provincias se relacionaban casi solo con el generalato, ahora las provincias necesitan estar estrechamente relacionadas con las otras provincias de la zona. En tiempos pasados las provincias se preocupaban sobre cómo implementar las directivas del generalato, ahora deben pensar también sobre cómo colaborar en los proyectos de la zona.  Antes las provincias sólo debían pensar cómo contribuir al generalato, ahora deben considerar además cómo mostrarse solidarias con otras provincias de la zona. Por todo eso, en el día de hoy todo verbita necesita desarrollar un instinto para la corresponsabilidad y el liderazgo compartido. Es preciso que tenga capacidad para dialogar, consultar, colaborar y coordinar.

2. Comunidades cada vez más multiculturales

A menudo se atribuye a la SVD el ser tal vez la Congregación religiosa más internacional de la Iglesia. Mi breve contacto con la unión de superiores mayores parece confirmar esto. No sólo permitimos la internacionalidad, la promovemos activamente.  Internacionalidad, de hecho es una nota fundamental de la Congregación. El fundador mismo demostró una gran apertura a la internacionalidad. Bastante pronto en la historia de la Congregación se adoptó la política de admitir vocaciones autóctonas a la SVD. Antes de Vaticano II, sin embargo, la internacionalidad era en realidad una simple expansión geográfica o  la presencia de la Congregación en varios países del mundo, y en consecuencia la Congregación contaba con la presencia de miembros de varias culturas y naciones. Pero en realidad existía muy poca integración e interacción cultural.

El Vaticano II, con su evaluación positiva de las culturas y su énfasis en la enculturación, dio un nuevo significado a la internacionalidad. En la SVD, dos hechos recientes han llevado a la drástica internacionalización de nuestras provincias y regiones. El primero se refiere a las provincias y regiones que solían recibir misioneros y comenzaron a enviar misioneros con regularidad a otras partes del mundo. Este cambio de eventos ocurrió en las principales provincias asiáticas hacia la mitad de los años 80. Hasta la fecha, hay unos 420 misioneros SVD de Asia que trabajan fuera de sus propios países, en África, las Américas y en otros países asiáticos. Y la verdad es que estos cohermanos han llevado a muchas de nuestras provincias y regiones a ser internacionales.

El segundo hecho era el así llamado “Consenso de Roscommon”, un documento, de los Superiores Provinciales de la zona de Europa reunidos en Roscommon (Irlanda) en 1990 que anunció que la Europa secularizada es también territorio de misión, análoga a las situaciones de misión en África, Asia y América Latina. Consecuentemente, ellos pensaban que Europa también tiene el derecho de solicitar y recibir misioneros de otros países. Una de las consecuencias prácticas de esto era que las antiguas provincias europeas, acostumbradas a recibir su personal con el primer destino misional de sus propias casas de formación, ahora recibían misioneros de Asia, África y América Latina. De esta manera, antiguas provincias casi totalmente homogéneas ahora adquieren un  carácter cada vez más pluricultural.

El hecho de vivir y trabajar en una comunidad pluricultural requiere obviamente que se desarrolle dones, talentos y destrezas adicionales, a diferencia de quienes viven y trabajan en una comunidad de cultura homogénea. Hay que estar preparado para afrontar diferencias culturales que fácilmente pueden convertirse en tensiones y conflictos culturales. Se tiene que atender necesidades y expectativas muy diversas, y aprender a tratar con mentalidades y percepciones diferentes. Lo que hace falta es ayudar a construir una situación tal donde las diferencias culturas no obstaculicen la vida comunitaria sino que la vuelvan más rica. Es preciso buscar ese justo medio entre promover la diversidad y preservar la unidad.

3. Un nuevo paradigma de misión

El paso (traslado) a un nuevo paradigma de misión en nuestro pensar y en nuestras actividades es otro desarrollo en la Congregación. Este nuevo paradigma de misión puede ser interpretado de muchas maneras. Algunos lo ven como un alejarse de una visión de misión se puede interpretar de muchas maneras. Algunos lo ven como un alejarse de una visión de misión centrada exclusivamente en la Iglesia a una visión reino-céntrica. Para otros significa dejar un modo conquistador para ir a un modo dialogal. No importa cómo lo llamamos, para nosotros en la SVD el nuevo  paradigma de misión se relaciona con expresiones tales como un triple “éxodo pascual”, o misión al servicio de la comunión, o diálogo profético.  Más concretamente, este nuevo paradigma de misión toma forma en dos nuevos modos de pensar (ver) la misión, vale decir,  se comprende misión ya no más en términos geográficos únicamente, sino en el sentido de situaciones de misión; y, en segundo lugar, una comprensión de la misión no basada exclusivamente en parroquias. Esta última idea ha hecho surgir lo que llamamos apostolados específicos en la Congregación. Sin embargo, al profundizar la reflexión sobre este punto en el último Capítulo General, se llegó a la conclusión que el interés de los apostolados específicos no son sólo tareas a realizarse sino dimensiones características de nuestra vida y misión SVD.

Lo que hay que destacar respecto a este nuevo paradigma de misión, es que nos ha llevado a una diversificación de nuestras actividades misioneras. En el pasado, la misión SVD era sobre todo misión de la selva, parroquias rurales, y escuelas urbanas (sin mencionar trabajos en seminarios SVD y a veces, seminarios diocesanos). Y a menudo no era difícil para un cohermano tener experiencia de los tres tipos de trabajo. Era práctica común que uno recibía traslado de un tipo de trabajo a otro. Ahora, sin embargo, la misión verbita incluye gran variedad de actividades: niños de la calle, gente con sida, emigrantes, refugiados, parroquias urbanas, movimientos campesinos, organizaciones de pescadores, apostolado bíblico, ministerio de las comunicaciones, trabajo de JPIC, animación misionera, diálogo interreligioso, diálogo ecuménico, etc. Y es frecuente que estos compromisos requieran una formación especializada. Creo que se puede afirmar que era más fácil ser un SVD en una época cuando se limitaban las actividades de los cohermanos a unos pocos trabajos típicos: misiones de la selva, parroquias rurales y escuelas urbanas.

Ahora, nos toca tratar con cohermanos que se dedican a trabajos, de los cuales nosotros a menudo, no tenemos experiencia alguna. Hoy día puede resultar muy difícil estar tratando hoy con un cohermano que necesita acomodación para sus refugiados, mañana con un cohermano que busca dinero para organizar un seminario bíblico, y pasado mañana, con un cohermano que necesita nuestro apoyo para sus actividades en el área del diálogo interreligioso con musulmanes. A menudo va a ser necesario que la comunidad haga un proceso de discernimiento respecto a lo que debe ser la misión verbita (SVD) en un determinado lugar. Se harán encuentros para elaborar el “documento” misionero de la comunidad y su plan de acción. Se harán todavía otras reuniones para evaluar el objetivo de misión y plan de acción de la comunidad.

4. El centro de Espiritualidad “Arnoldo Janssen

Hace unos 13 años, el 8 de diciembre año 1989 se dio inicio al Centro de Espiritualidad Arnoldo Janssen (AJSC)  con la firma de un propósito de intento de parte de los Superiores Generales de la SVD, SSpS y SSpSAp. De parte de la SVD, la decisión de establecer el AJSC vino como resultado del XIII Capítulo General del año 1988, cuyo tema central era la formación espiritual misionera SVD. Este Capítulo, como ya sabemos, produjo un documento importante sobre la espiritualidad verbita (SVD) que comenzó con un poema intitulado: Siguiendo al Verbo . “Éxodo Pascual”.

En cuanto yo puedo entender, hay dos intuiciones muy importantes en este documento.

Primero, que la espiritualidad verbita (SVD) es o debe ser una espiritualidad misionera, una espiritualidad que brota y se nutre de nuestro compromiso misionero en si mismo. De esta manera, el triple diálogo, es decir: diálogo con los pobres, diálogo con los seguidores de otras religiones y diálogo con otras culturas, tienen que ser vistos como un pasar más allá hacia los pobres, hacia otras religiones y hacia otras culturas. Son, por lo tanto, una experiencia genuina del “éxodo pascual” o de un encuentro con el Señor Resucitado. La segunda intuición era que esta espiritualidad misionera puede ser desarrollada mediante la recuperación de los elementos principales de la herencia espiritual que el Fundador nos dejó. Así, se comenzó a hablar de espiritualidad SVD, o de espiritualidad de Arnoldo Janssen, o de espiritualidad Arnoldina. De este modo nació en Steyl la recomendación capitular de que el Generalato establezca un centro, tanto para investigar la herencia espiritual de Arnoldo Janssen y de la Congregación, como para la animación espiritual de los cohermanos. Solicitamos la cooperación de la SSpS y la SSpSAP en este cometido.

El informe anual que el AJSC de Steyl nos presenta a nosotros en el Generalato indica una enorme cantidad de actividades asumida por el equipo en todo el mundo en el área de la animación  espiritual. Su actividad ha tenido por resultado la creación de lo que se llamaba equipos de extensión y ahora designados equipos de animación espiritual en las provincias y regiones. Igual que el equipo central estos equipos provinciales o regionales son equipos integrados por SVD y SSpS.  Por supuesto, soy consciente del hecho de que algunos SVD tienen sus dudas en cuanto a la orientación del equipo respecto a la espiritualidad SVD o de Arnoldo o del modo concreto de llevar adelante la animación espiritual. Sin embargo, creo que se puede afirmar que su existencia y sus actividades han subrayado dos cosas:

En primer lugar, la importancia de la animación espiritual para la Congregación. Yo creo que nadie tiene dudas respecto a la necesidad de animación espiritual en la Congregación Superiores Generales uno tras otro, no se han cansado en insistir en que el desafío principal que afronta la SVD es la renovación espiritual. Es lo que el P. Heckeren dijo al P. Barlage cuando  éste asumió como Superior General, y es lo que el P. Barlage dijo al final de su cargo. Y no hace falta más que mirarle al P. Musinsky para darse cuenta de que él es la personificación del reclamo por  renovación espiritual.  Por mi parte, solo puedo sumarme a ellos. En mi caso, sin embargo creo que la necesidad de una renovación espiritual es la necesidad de encontrar un camino de integrar los dos elementos de nuestra vocación, es decir, lo religioso y lo misionero, o, en otros términos, el desarrollo de una verdadera espiritualidad misionera.

En segundo lugar, el AJSC subraya la necesidad de colaborar con nuestras congregaciones hermanas. La necesidad de colaboración se fundamenta no sólo en la convicción de que una espiritualidad sana pide que se aprecie las dos dimensiones, masculina y femenina de lo divino, sino también en la intuición de que cada una de las tres congregaciones fundadas por Arnoldo Janssen, ha captado sólo una dimensión del carisma y espiritualidad multifacética del Fundador; y para que cualquiera de nosotros pueda apreciar en plenitud la herencia espiritual del Fundador, necesitamos de una mutua colaboración. Pienso que es significativo que en la familia de Arnoldo la colaboración tiene como fundamento la espiritualidad, es decir, colaboramos (trabajamos juntos) porque compartimos una espiritualidad complementaria que es común a ambos. Esta es una colaboración que es mucho más rica que una basada en la simple necesidad de trabajar juntos.

 SEGUNDA PARTE

DESAFÍOS ESPECIALES PARA LA SVD HOY

Yendo ahora a los desafíos que tiene la SVD como resultado de estos acontecimientos, quisiera subrayar los siguientes 4 puntos como áreas que, según veo, necesitamos enfatizar en nuestros días, y son:

          1.                 Formación espiritual permanente.

          2.                 El diálogo profético cuádruplo.

          3.                  El perfil misionero de las parroquias verbitas, y

          4.                 Sensibilidad hacia nuevas situaciones misioneras.

 1.                  Formación espiritual permanente

Como ya he dicho, prácticamente todos los Superiores Generales en tiempos recientes, han urgido la necesidad de formación espiritual permanente en nuestra Congregación.

Quisiera agregar mi voz a la de ellos. Al hacerlo sin embargo, quisiera acentuar la necesidad de una mayor armonía entre el aspecto religioso y el aspecto misionero. Como misioneros religiosos siempre corremos el riesgo de separar estos dos aspectos de nuestra vocación, viviendo la vida religiosa sin referencia a nuestra misión, y haciendo nuestro servicio misionero sin referencia a nuestro compromiso religioso. Alcanzar una mayor armonía entre estos dos aspectos exige que aprendamos a vivir nuestra vida religiosa de tal manera que esté siempre orientada hacia nuestra misión, y que aprendamos a realizar nuestra misión de tal manera que fluye necesariamente de nuestro compromiso religioso.

Con ocasión de mi visita a Chile, tuve la oportunidad de visitar nuestro prestigioso Colegio del Verbo Divino en Santiago. Durante la visita tuve también un encuentro con los laicos miembros del cuerpo docente y administrativo. Durante la pausa, un profesor ya de edad se me acercó para conversar. Me contó que había perseverado en su trabajo como profesor en el colegio durante más de 30 años porque siempre había visto su trabajo como su misión. El fracaso nuestro es hacer lo contrario de lo que hacía ese profesor en Chile, es decir, considerar nuestra misión como nada más que un trabajo. De hecho, cuando realizo mis visitas a provincias o regiones, a veces me da la impresión de que ésta es la situación. Porque en algunos casos, mientras el trabajo que hacen los cohermanos es excelente y admirable, no es más que eso, trabajo. Trabajo bien hecho, trabajo profesional, trabajo muy efectivo. Pero le falta el fuego. La pasión por la misión está ausente. Hace falta, sin duda, reavivar el fuego.

De hecho, algunos cohermanos han señalado que en los últimos dos Capítulos Generales (2000 y 1994), enfatizamos tanto la misión que parece que hemos dejado de lado el aspecto  religioso de nuestra vocación. En el Capítulo General de 1994, el tema central era “Nuestra Misión al servicio de la Comunión”. Es un tema que en verdad se prestaba para una reflexión sobre la vida religiosa y la comunidad, pero lastimosamente nuestras discusiones capitulares no llegaron a ese punto. Lo cierto es que algunos verbitas (SVD) piensan que una reflexión más profunda sobre nuestra vida religiosa y los consejos evangélicos es muy urgente. Si bien es cierto que hemos alcanzado una renovada comprensión de nuestra misión, no hemos logrado lo mismo respecto a la comprensión de nuestra vida religiosa, una que acompañe una nueva comprensión de la misión.

Alcanzar una mayor armonía entre los dos aspectos de nuestra vocación, de hecho no es nada más que desarrollar una espiritualidad verdaderamente misionera. En lo esencial, una espiritualidad misionera es una que brota y se nutre de nuestro compromiso misionero mismo. El Capítulo General XIII era un gran paso adelante en este sentido, cuando habló de una espiritualidad del “éxodo pascual” (de ir más allá). Creo que el desafío consiste en desarrollar más estas intuiciones con la esperanza de desarrollar así una espiritualidad misionera.

 2.                  El Cuádruplo Diálogo Profético

Creo que la idea del Cuádruplo diálogo profético es una de las intuiciones centrales del último Capítulo General. El Capítulo habló de él como la comprensión mejor y más profunda de nuestra vocación verbita (SVD) a misión hoy. (Documento Capitular, 53). Es una idea que parece estar tan en el centro del último Capítulo General que puede servirle de etiqueta o marca identificadora, de la misma manera que “éxodo pascual” y Comunión hicieron para los Capítulos de 1988 y 1994 respectivamente. Tanto su profundo significado como su novedad como terminología verbita, reclaman que hagamos una reflexión permanente sobre el mismo. Más importante todavía, necesitamos implementar un diálogo sobre el modo concreto de implementar la idea en las situaciones variadas donde se encuentra la Congregación en el mundo. En nuestras discusiones y reflexiones a nivel del Generalato, dos observaciones han salido a luz:

Entre el cuádruplo diálogo profético y las dimensiones características (que es otra idea central del Capítulo), parece que los cohermanos comprenden e implementan más fácilmente esta última (dimensiones características) que la primera (diálogo profético). Es posible que existan muchas razones por ello, como provincias que ya han ubicado las dimensiones en las estructuras o planes provinciales, si bien con otro nombre (por ej. prioridades o áreas), o las dimensiones son más visibles (o pueden ser más visibles) que el diálogo. De ahí sigue que en las visitas generales de consejeros u otros oficiales después del Capítulo, se observó que en las provincias y regiones, se habló más de las dimensiones características que del diálogo profético. De todos modos es importante señalar que según el Capítulo General, el cuádruplo diálogo profético es más fundamental a nuestra misión verbita (SVD) que las dimensiones características. Citando el Documento Capitular: Nuestro compromiso con el cuádruplo diálogo profético es aún más parte fundamental de nuestro carisma misionero “ad gentes”. En verdad, las dimensiones son más claramente misioneras cuando son ubicadas dentro del contexto del cuádruplo diálogo profético. De este modo, tendríamos que poner mayor énfasis en el diálogo profético que en las dimensiones características.

El segundo número de la publicación anual del Generalato, “Dialogando con el Verbo”, es precisamente sobre diálogo profético. Para preparar ese número, decidimos pedir a algunos cohermanos a compartir sus experiencias concretas de diálogo por medio de esta publicación. A pesar de que con frecuencia los cuatro diálogos se superponen (por ej. Diálogo con otra cultura es muchas veces diálogo con otra religión), no obstante, hemos querido tener una cobertura igual de los cuatro diálogos. Al repasar la lista de cohermanos cuya participación pensamos pedir, nos dimos cuenta que era más fácil encontrar a cohermanos que trabajan con los pobres y marginados y un diálogo con gente de diferentes culturas, y era más difícil encontrar a cohermanos que trabajan en diálogo con personas de diferentes tradiciones religiosas y en el diálogo con gente sin comunidad de fe o sin afiliación religiosa.

De este modo, se ve como un enorme desafío cómo encontrar caminos creativos para implementar el primer y el cuarto diálogo, es decir, con personas sin comunidad de fe o sin afiliación religiosa, y con gente de diferentes tradiciones religiosas. Creo que a la luz de la actual crisis internacional, nos urge promover más y más el diálogo interreligioso. Recientemente nos escribió un cohermano de Papua Nueva Guinea al Generalato para decirnos qué relevante era para nuestra situación actual lo que el capítulo escribió sobre el diálogo profético. Pero igual que en todo lo que tiene valor, tendrá que comenzar con pequeñas iniciativas en la parroquia, escuela o comunidad religiosa.

 3.                  El perfil misionero de las parroquias verbitas

Este punto también ha sido enfatizado por el último Capítulo General. La Documento Capitular, después de tomar nota del gran número de cohermanos involucrados en el ministerio parroquial, procede a animar a las provincias y regiones a que hagan esfuerzos específicos para clarificar y resaltar el perfil misionero de las parroquias donde trabajamos (D.C. 91). Pronto después del Capítulo General el Generalato comenzó una serie de consultas respecto a este tema con cohermanos de las provincias y regiones. El objetivo de la consulta era para determinar qué pasos específicos podría dar el generalato para ayudar a mejorar el perfil misionero de las parroquias donde trabajamos. Las visitas generales brindan una ocasión para estas consultas. Otro canal ha sido una serie de visitas del Secretario de Misiones Tom Ascheman, a los cohermanos que se dedican al ministerio parroquial.  Ya se han hecho visitas a cohermanos en Chile, en las provincias del sur USA y de Chicago, India los países Bajos y España. Las consultas que se han hecho hasta ahora han revelado que los cohermanos lo consideran un asunto de mucha importancia, pero apenas tienen oportunidad para encontrarse y discutir las actividades misioneras en sus parroquias.

Parece, entre los cohermanos, que una de las respuestas más inmediatas al desafío de eresaltar el perfil misionero de nuestras parroquias, ha sido ir hacia la integración de las cuatro dimensiones características en los planes y actividades de nuestras parroquias. Muchas veces se siente que una parroquia se hace más misionera si logra planificar sus actividades y programas de tal manera que incluya el apostolado bíblico, justicia y paz, animación misionera y comunicaciones. Pero una vez más, lo señalado arriba vale también en este caso. Si bien es cierto que es cosa buena integrar las dimensiones características en los planes y programas parroquiales, hay que tener presente que el cuádruplo diálogo profético es más fundamental. De hecho, el perfil misionero de una parroquia se vería más resaltado si pudiera integrar el cuádruplo diálogo profético en sus planes y programas.

Vale decir, una parroquia sería misionera si desarrollara una comunidad de extensión hacia los cuatro grupos mencionados en el cuádruplo diálogo profético, es decir, personas que carecen de una comunidad de fe o de afiliación religiosa, gente pobre y marginada, gente de otras culturas y con gente de diferentes tradiciones de fe y con ideologías seculares. Entonces no sería una parroquia que se preocupe por el rebaño congregado dentro sino también por el rebaño dispersado.

 4.                  Sensibilidad a nuevos desafíos misioneros

El Capítulo General recomienda una cierta sensibilidad a nuevos desafíos misioneros. El Documento Capitular dice: nuestro mundo de cambios vertiginosos nos confronta con muchos desafíos nuevos. Hay situaciones nuevas en las cuales nos sentimos llamados a testimoniar el Reino de Dios (D.C. 80). Luego, el Documento Capitular pasa a enumerar entre otros: Racismo, Integridad de la Creación, Colaboración Ecuménica y entre grupos de distinta fe, Ministerio urbano, Mujeres, Emigrantes y Refugiados, y los Medios.-

Yo creo que el Capítulo tenía razón al sonar la alerta a nuevas situaciones misioneras. Esto concuerda con la comprensión capitular de misión ya no más en un sentido de situaciones específicamente misioneras, con el objetivo a largo plazo de reunir a la humanidad entera del Reino de Dios (ver D.C. 27). Como misioneros “ad gentes” necesitamos tener una mirada muy perspicaz para poder detectar estas situaciones emergentes en nuestras parroquias, escuelas y comunidades  locales. A menudo al estar sobre-concentrados en nuestras actividades tradicionales nos incapacita para ver las nuevas situaciones que emergen en torno a nosotros.

Tal vez una situación que esté reclamando una respuesta particular de parte nuestra es la de los emigrantes, refugiados y gente marginalizada. El Consejo Pontificio para el cuidado pastoral de Emigrantes calcula que en la actualidad hay en total de 150 millones de emigrantes o personas itinerantes. Lo cual significa 1 de cada 47 personas. De estos 50 millones son refugiados o itinerantes a la fuerza. Esto significa 1 de cada 20 personas. La Organización Internacional de Migraciones, con base en Ginebra (IOM) afirma que la migración es un fenómeno mundial. Los emigrantes vienen de todo el mundo y van a todas partes del mundo.

Una consecuencia de la migración internacional es que las sociedades de hoy se hacen cada vez más pluriculturales. A consecuencia de las migraciones, personas de diferentes culturas no sólo están en contacto mucho más cercano hoy día, a menudo se ven obligados a vivir juntos (unos con otros). Muchas de las grandes ciudades del mundo están pobladas por una amplia diversidad de grupos culturales y frecuentemente la diversidad de culturas significa también una diversidad religiosa. La Migración está cambiando el aspecto de nuestras ciudades.

Nuestro mundo pluricultural está desafiando a la Iglesia a hacerse ella misma pluricultural. Una Iglesia pluricultural será vista por extraños y extranjeros no sólo como más tolerante sino también como una Iglesia más abierta y hospitalaria. Parte de nuestra tarea misionera será promover una Iglesia pluricultural, una Iglesia, vale decir, que promueve el reconocimiento de otras culturas, respeto por diferencias culturales y una saludable interacción entre culturas. Esto va a exigir no sólo una cierta sensibilidad a culturas en general, sino también una cierta destreza que conduce a la integración de culturas en particular. Y respecto a esto, creo que nosotros tenemos algo que contribuir. No somos solamente una Congregación internacional, muchos de nuestros miembros poseen un tesoro en experiencias respecto a lo que significa vivir y trabajar en otra cultura. Además, tenemos (o se supone que tenemos) la así llamada tradición de Antropos  que debería equiparnos con las destrezas para tratar con las diversas culturas.

CONCLUSIÓN

Quisiera concluir haciendo la pregunta implícita al iniciar esta conferencia: A la luz de estos acontecimientos, ¿qué imagen tiene la Congregación? Esperando que la SVD haya sido fiel a su carisma fundacional a lo largo de todos estos años, creo que puede decirse que la Congregación también va tomando una forma diferente.  Esta forma se caracteriza por los siguientes elementos:

 -La Congregación, lentamente pero con esperanza y seguridad, va transformándose en una comunión fraterna de provincias y regiones de colaboración mutua y coordinando sus actividades en común para la realización de la misión de la SVD que es una sola.

 - La Congregación se vuelve cada vez más diversa en cuanto a sus miembros; no sólo vienen los miembros de diferentes naciones y aprenden a hacer misión a la SVD y viven su vida religiosa, sino que los miembros aportan  perspectivas y caminos culturalmente diversos para realizar la misión y vivir la vida religiosa.

 - La Congregación está comprometida en actividades misioneras que son más en número y más variadas; la misión ya no se comprende como territorios en donde trabajar, sino como situaciones desde donde trabajar; intentando no tanto extender la Iglesia, sino dar testimonio al Reino de Dios.

 - La Congregación está aparentemente, cada vez más convencido de la necesidad de renovación y animación espiritual, consciente de que es desde su propia herencia espiritual que ella puede mejor contribuir a la misión; al mismo tiempo, la Congregación ve la necesidad de colaborar con nuestros Hermanas y con otros socios en la misión, convencidos que la misión es sobre todo emprendimiento de Dios, y por lo tanto excede por mucho lo que podríamos realizar con nuestras propias fuerzas.

Dos sectores en nuestra Congregación necesitan estar particularmente conscientes de estos cambios: Los formadores y los superiores. Como superiores debemos preguntarnos: ¿es esto el tipo de Congregación que queremos que sea la SVD? ¿Debemos promover estos cambios? Si ya estamos en eso: ¿cómo promoverlos más todavía? Si todavía no se da, ¿cómo podemos redirigir estos cambios? ¿Qué queremos que sea la Congregación?

Como formadores necesitamos preguntarnos: ¿Estamos preparando nuestros candidatos para el tipo de Congregación que hemos llegado a ser? ¿Estamos preparando adecuadamente a nuestros candidatos para enfrentar los desafíos mayores que la Congregación enfrenta hoy día? ¿Cómo podemos preparar mejor a nuestros cohermanos jóvenes para vivir y trabajar como Misioneros del Verbo Divino al inicio del Tercer Milenio?

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